Archive for Al otro lado

The end

Llevo mucho tiempo pensando que quiero escribir algo, incluso tengo algunas historías a medio acabar en mi cabeza, pero no es suficiente. Y como siempre, me he quedado pensando sobre el por qué.

Cuento historías cuando me faltan palabras para expresar un sentimiento que es más grande que yo. Escribo cuando no tengo fuerzas para enfrentarme al presente. Describo situaciones, entornos, reacciones, para poder representar una realidad que no entiendo. Imagino cuando quiero gritar.

No me gustaba luchar, es simplemente lo que tenía que hacer, siempre he sido demasiado débil para rendirme. No pensaba dar la razón a ninguno de los que tan insistentemente intentaban que me comportara como una adulta. Y mantenía mi rinconcito de angustia, desesperación, rebelión que sólo un adolescente puede tener. Siempre seré una adolescente, eso es algo que no voy a cambiar.

No me gustaba luchar, en serio, no me hizo fuerte, ni mejor, ni más dura, pero me agarraba a la lucha porque era lo único que tenía.

Soy feliz. No puedo evitar reirme, es un chiste interno, no espero que lo entendáis. Pero creedme, tiene su gracia.

Yo no he cambiado, y posiblemente el mundo tampoco. Ahora soy más yo, he hecho las paces con la niña gordita, alérgica y empollona, he llegado a un trato muy razonable con la adolescente hormonada, sigo admirando a la post-adolescente pseudogótica con graves problemas de autoestima, y estoy aprendiendo a conocer a la mujercita más vieja de lo que parece y mucho más de lo que le toca.

Se acabó la lucha. Nada ha cambiado. Simplemente, soy feliz. Y realmente la ironía tiene gracia.

De vuelta en tierras más verdes

No me paré mucho a pensar en si volvería o no cuando me despedí de estas tierras, tampoco me he parado a pensar mucho desde que volví. El mundo real no ha dejado de atraparme en los últimos tiempos, y se hace difícil pensar.

No está tan verde como la última vez que la dejé, tampoco tan gris como siempre había imaginado, ni siquiera llueve, de alguna manera parece que no termina de encajar. No, no es la ciudad la que no encaja, soy yo.

He seguido corriendo por las calles y las escaleras, como me había acostumbrado a hacer. He hablado con demasiados enchaquetados, y ni siquiera en persona, donde podría entablar una lucha en igualdad de condiciones. He visto e imitado demasiadas sonrisas falsas.

Pero llegó mi hora, el silencio y la soledad. Asomo mi cabeza por la ventana y por primera vez desde que llegué veo la ciudad. Está oscura, sólo iluminada por la tenue luz de las farolas, y esa luz que desprende la cúpula de la manzana de al lado. No es gris, es de todos los colores del gris, y es preciosa.

Por primera vez desde que llegué me doy cuenta de que es aquí donde debía estar. Ahora es cuando todo empieza…

Se vende

Era una nave enorme, miraras a donde miraras no parecías ver las paredes, la luz que daban los altos focos no llegaba al techo. Los Stands llamativos con grandes logos de empresas importantes. Todos hombres y mujeres enchaquetados, todos iguales, camisa blanca, corbata y traje negros. Todos gritaban, todos compraban y vendían. De alguna siniestra manera se parecía al mercado de faerie, sólo que más artificial, y más … ¿verde?.

También estaban allí los grandes hombres con sus puros, mirando satisfechos, aunque parecía que nadie los veían. A decir verdad, ninguno de los enchaquetados parecía ver nada con esos ojos vacíos.

Paseé por las diferentes zonas donde la gente compraba y vendía como si le fuera el alma en ello, y a veces así era.

– Te regalo el Fate SuperJava Liberty Logic Server 9.0.1.0.14, hace absolutamente todo lo que tú quieras, sólo tienes que pagar el último modelo de servidor que tenemos. – Una sonrisa artificial acompañaba una frase que parece que llevaba repitiendo una eternidad.
– ¿Sólo un servidor? Dame 10, pero por el 50%.
– Si me compras 20, te lo dejo en el 40, y te regalo un año de soporte, con esto te ahorras 20 millones.
– Mi competidor tiene 7, con tener 10 es suficiente…

Todas las conversaciones me sonaban igual.

– Te vendo 5 ingenieros por 2.000 la jornada, te sale sólo a 5 el kilo…
– Pero además necesito un project manager, ¿a cuánto está eso?
– El project manager sale a 2.000 la jornada por unidad. Pero tiene 5 años de experiencia…

Absolutamente degradante…

Llegué a la zona de comercio al por menor. Allí se compraban cosas menos valiosas como almas de ingenieros de una en una, carreras profesionales y sueños.

– Te compro tu alma por 15000 anuales y grandes oportunidades.
– ¿En serio? En el stand de al lado sólo me ofrecían 500 mensuales por retrasar mis sueños y sin ningún futuro.
– Toma, ve firmando aquí, sólo te comprometes a que si quieres vendérsela a otro devuelves todo lo que te hemos pagado.

Se notaba que no sabían negociar…

– Sólo un ligero retraso de tus sueños a cambio de una gran oportunidad.

Cometí el error de pararme a mirar.

– Se ve que te interesa, ¿qué pides a cambio de retrasar tus sueños?
– No voy a retrasar mis sueños, ya lo tengo decidido. – Pero ya estaba hablando con él.
– Pero esos sueños son una locura, yo te ofrezco una gran oportunidad y soñar despierta los fines de semana. Además después te revendo tus sueños por una pequeña comisión. – Lo peor es que se notaba su desesperación, porque era la mejor oferta que había escuchado en todo el tiempo que llevaba allí.

Quizás era un error, a veces tengo la certeza de que lo fue, pero ya estaba firmando…

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