Gracias

Llevo toda la semana a punto de llorar de frustración, miento, confieso que he llorado de frustración.

Abandoné el barco, cuando hacía aguas, sin esperar a ver si se hundía o salía a flote, sin mirar atrás, en busca de una vida mejor. Os abandoné.

Discutía a la vera de una Guinness qué va a pasar con España, qué harán los españoles, mientras me planteaba si ir o no a las manifestaciones de UK uncut.

Discutía con los italianos quién era peor, si Berlusconi o Camps, de acuerdo, gana Berlusconi.

Hoy todavía estoy a punto de llorar, pero ahora de emoción, gracias.

Gracias porque, pase lo que pase el domingo, para mí, ya habéis convertido España en un lugar al que poder volver.

Gracias.

The end

Llevo mucho tiempo pensando que quiero escribir algo, incluso tengo algunas historías a medio acabar en mi cabeza, pero no es suficiente. Y como siempre, me he quedado pensando sobre el por qué.

Cuento historías cuando me faltan palabras para expresar un sentimiento que es más grande que yo. Escribo cuando no tengo fuerzas para enfrentarme al presente. Describo situaciones, entornos, reacciones, para poder representar una realidad que no entiendo. Imagino cuando quiero gritar.

No me gustaba luchar, es simplemente lo que tenía que hacer, siempre he sido demasiado débil para rendirme. No pensaba dar la razón a ninguno de los que tan insistentemente intentaban que me comportara como una adulta. Y mantenía mi rinconcito de angustia, desesperación, rebelión que sólo un adolescente puede tener. Siempre seré una adolescente, eso es algo que no voy a cambiar.

No me gustaba luchar, en serio, no me hizo fuerte, ni mejor, ni más dura, pero me agarraba a la lucha porque era lo único que tenía.

Soy feliz. No puedo evitar reirme, es un chiste interno, no espero que lo entendáis. Pero creedme, tiene su gracia.

Yo no he cambiado, y posiblemente el mundo tampoco. Ahora soy más yo, he hecho las paces con la niña gordita, alérgica y empollona, he llegado a un trato muy razonable con la adolescente hormonada, sigo admirando a la post-adolescente pseudogótica con graves problemas de autoestima, y estoy aprendiendo a conocer a la mujercita más vieja de lo que parece y mucho más de lo que le toca.

Se acabó la lucha. Nada ha cambiado. Simplemente, soy feliz. Y realmente la ironía tiene gracia.

De vuelta en tierras más verdes

No me paré mucho a pensar en si volvería o no cuando me despedí de estas tierras, tampoco me he parado a pensar mucho desde que volví. El mundo real no ha dejado de atraparme en los últimos tiempos, y se hace difícil pensar.

No está tan verde como la última vez que la dejé, tampoco tan gris como siempre había imaginado, ni siquiera llueve, de alguna manera parece que no termina de encajar. No, no es la ciudad la que no encaja, soy yo.

He seguido corriendo por las calles y las escaleras, como me había acostumbrado a hacer. He hablado con demasiados enchaquetados, y ni siquiera en persona, donde podría entablar una lucha en igualdad de condiciones. He visto e imitado demasiadas sonrisas falsas.

Pero llegó mi hora, el silencio y la soledad. Asomo mi cabeza por la ventana y por primera vez desde que llegué veo la ciudad. Está oscura, sólo iluminada por la tenue luz de las farolas, y esa luz que desprende la cúpula de la manzana de al lado. No es gris, es de todos los colores del gris, y es preciosa.

Por primera vez desde que llegué me doy cuenta de que es aquí donde debía estar. Ahora es cuando todo empieza…

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