Lo leí hace tiempo y sólo estaba esperando el momento, ya sabéis, ese que siempre llega, para comentarlo. Ni siquiera recuerdo quién lo puso en compartidos del google reader, pero desde aquí se lo agradezco.
Es muy simple: coges por ejemplo aquella canción que te recuerda tanto a y la escuchas durante todo el día los días que hagan falta hasta llegar al momento en que la asociación se haya desvanecido casi completamente. La victoria total siempre es imposible, pero si lo haces bien podrás cantar (la mayoría de las veces) hasta el “Te quiero igual” de Calamaro sin pensar en.
No conocía el blog, Live vest under your seat, pero el post me pareció genial, porque es lo que siempre he hecho.
El título del post viene por un famoso pasaje,
En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tila que mi tía me daba (aunque todavía no había descubierto y tardaría mucho en averiguar el por qué ese recuerdo me daba tanta dicha), la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres,[...]
de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.
Pasa demasiado a menudo, todas esas veces, que un sabor, un olor, un sonido, nos evoca un momento, una persona, de forma tan intensa que no podemos soportarlo. Y la forma de evitarlo parece contraproducente, pero no lo es. Hace años bromeaba sobre el “masoca.m3u”, y es que la música siempre ha sido lo primero, lo demás, hacer sola todas aquellas cosas que había quedado en hacer con alguien, en la semana en la que todo se acaba, ver esas películas, hacer esos viajes, en el tiempo más próximo posible a la ruptura.
Y es que aquella vez que sonó el despertador del móvil – de diario usaba el otro – mi primera noche en Inglaterra, con la misma música que me despertaba aquellas noches, me revolvió todo por dentro, y recordé de golpe todas las cosas buenas que pasé, que habían quedado enterradas entre cigarrillos y vodka. Aquella vez que estudiaba en matemáticas, y pasó delante de mí, sin mirarme – tenía prohibido acercarse a mí – y su olor hizo que se me empañaran los ojos, y apenas pude ocultárselo a quien estaba estudiando a mi lado, que llevaba su sudadera.
Sí, parece un poco masoca, pero sólo hay una oportunidad de que el dolor no se repita, si lo sientes todo de golpe, después no queda nada.
Esta vez no he querido esperar, pero me temo que como tenga que hacer esto con cada canción voy a volverme loca. No creo que tenga tiempo de desasociar todas las canciones que voy a acabar asociando. Quizás mi amigo tenga razón, y deba dejarme llevar.
Escuchando (casi incansablemente) Dorian – A cualquier otra parte.