Parece mentira que estemos en el mismo país, porque he tenido que aprenderme hasta nuevo vocabulario.
No sólo fue lo de acostumbrarme a llamar al billete de metro “metrobus” cuando lo lógico hubiera sido “bonometro”, hay más diferencias que las obvias de una ciudad más grande.
Para empezar aquí no se piden cervezas, sino cañas.
Más complicado son los desayunos, nada de “una media”, tampoco pidas una tostada, porque entonces te ponen una de pan de mentira (a.k.a. pan bimbo) – Pero, ¡¿dónde se ha visto esto?!. Así que hay que pedir barrita, eso es un tercio de baguette partido por la mitad, es decir, tan ridículamente pequeña que yo que – cuando como – pido media, me quedo con hambre. Los tipos de panes es ya un tema aparte, pero lo resumiré en la respuesta que me dio el chino cuando le hice la típica pregunta de: “¿Qué pan tiene?”, “Pan, pan”, lo que quería decir, aquí sólo se venden barras.
Ya lo de la ropa es un infierno, he tardado meses en aprender a decir jersey y no chaleco, y claro, ahora ¿quién usa el diminutivo?. Preguntaréis, ¿por qué no se puede decir chaleco?, ¿qué más da? Pues sí da, resulta que el chaleco es el que no tiene mangas, con lo que cobra sentido aquello de “Eres más corto que las mangas de un chaleco”.
Y lo de los zapatos … ¿sabéis lo que os digo? parafraseando a Toteking,
Lo del canto del loco eran zapatillas, esto son botines.