La bella y la bestia

En tierras de Titania nada es lo que parece…

Era una chica muy guapa, de sonrisa dulce y cara inocente, todos la adoraban. Poco a poco toda la gente que la conocía se encandilaba y le concedían todos sus caprichos, colmaban cada uno de sus deseos por muy absurdos e incoherentes que fueran. Ella a su vez procuraba que todo el mundo a su alrededor fuera feliz, y lo eran. Pasaron los años y la chica se acostumbró, no concebía un mundo donde alguien le dijera que no, sólo sabía desear y esperar a que se hiciera realidad.

La encontré un día, en uno de mis viajes, la miré a los ojos, directamente, y vi que detrás sólo había egoísmo. Ella se vio, reflejada en mis ojos, encontrándose a sí misma y desatando todo lo que había estado guardando. No pude detenerme, pero siempre supe que ella había cambiado.

Me buscó, años más tarde, y la encontré totalmente descontrolada, salvaje. Intentando intimidarme, amenazándome, queriéndome obligar a deshacer el hechizo que había obrado en ella. Con sus gritos perdía las argumentaciones que me daba, y aún así la escuché, incluso sentí lástima por ella.

No me escuchó cuándo intenté explicarle que nada de lo que había pasado lo había hecho yo, que ella era así, que siempre lo había sido, y que tenía que saberlo.

Sólo al girarse y darme la espalda, me dí cuenta de que me entendió.

- Sólo tienes que aprender a controlar tu genio.

1 comentario »

  1. camila dicho:

    es re lindo el cuento


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