El bando equivocado

Me estaba costando muchísimo volver, y no entendía porqué, sólo sabía que estaba cansada, muy cansada, y que no podía más. Ni siquiera me daba cuenta de que ese era su propósito, y de que lo estaban consiguiendo.

La guerra comenzó hace meses, luchaba en cada batalla, y consumía mis fuerzas, defendiendo principios que no existen e ideas inconcebibles. No era consciente de que había guerra, ni de porqué tenía que luchar tanto, sólo seguía haciendo lo que creía que tenía que hacer.

La última batalla fue la más sangrienta, mi ira se abría camino hasta que estalló, y entonces abrí los ojos.

En la llanura luchaban, demonios y pobres diablos aliados, matándose los unos a los otros, y adorando a demonios que siempre tienen poder, adorando al demonio que más poder tiene en este mundo. Y allí estaba yo, con ropas poco adecuadas, una espada a dos manos demasiado grande para mí, luchando contra unos y otros sin sentido.

Les planté cara, a los que hacían llamarse generales, a los mayores adeptos al peor de los demonios, a los que yo estaba siguiendo porque hace meses que me vendí. No tener lealtad, es ser mercenario, y ser mercenario y guardarle lealtad suprema al peor de los demonios. Y yo, me vendí, y me convertí en mercenaria.

Esta no es mi lucha y no seguiré luchando, que se maten entre ellos si quieren, yo seguiré mi camino. No sé qué ocurrirá a partir de ahora pero esta guerra no merece mi sufrimiento y mi cansancio.

Hombres Grises

No suelo tener reloj, debe ser algo relacionado con el magnetismo, porque siempre dejaban de funcionar. De pequeña esto no importa, el tiempo es eterno, tienes la vida por delante y todo el tiempo del mundo por aprovechar. Más tarde esto empieza a pesar, el tiempo pasa más lento de lo que quisieras, y nunca se crece lo suficientemente deprisa. De mayor es otra historia.

Todo el mundo actual gira alrededor del tiempo, hace mucho que nos convertimos en sus esclavos. Yo respiro tiempo.

Llevo dos cigarros esperando en la esquina, pensando si merece la pena que espere otro cigarro más. No viene.

Mi sentido de la orientación me debe estar fallando – no el de la orientación física, ese siempre ha sido malo -, hubiera jurado que pasaría por aquí. Tenía toda la sensación. Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que me guié por los instintos, ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que acerté.

Camino lentamente de vuelta sin estar del todo segura si debía irme. De todas formas me voy de vuelta a tierras más verdes, me están esperando.

La bella y la bestia

En tierras de Titania nada es lo que parece…

Era una chica muy guapa, de sonrisa dulce y cara inocente, todos la adoraban. Poco a poco toda la gente que la conocía se encandilaba y le concedían todos sus caprichos, colmaban cada uno de sus deseos por muy absurdos e incoherentes que fueran. Ella a su vez procuraba que todo el mundo a su alrededor fuera feliz, y lo eran. Pasaron los años y la chica se acostumbró, no concebía un mundo donde alguien le dijera que no, sólo sabía desear y esperar a que se hiciera realidad.

La encontré un día, en uno de mis viajes, la miré a los ojos, directamente, y vi que detrás sólo había egoísmo. Ella se vio, reflejada en mis ojos, encontrándose a sí misma y desatando todo lo que había estado guardando. No pude detenerme, pero siempre supe que ella había cambiado.

Me buscó, años más tarde, y la encontré totalmente descontrolada, salvaje. Intentando intimidarme, amenazándome, queriéndome obligar a deshacer el hechizo que había obrado en ella. Con sus gritos perdía las argumentaciones que me daba, y aún así la escuché, incluso sentí lástima por ella.

No me escuchó cuándo intenté explicarle que nada de lo que había pasado lo había hecho yo, que ella era así, que siempre lo había sido, y que tenía que saberlo.

Sólo al girarse y darme la espalda, me dí cuenta de que me entendió.

- Sólo tienes que aprender a controlar tu genio.

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