Estoy en casa

Siempre he viajado ligera de equipaje, siempre he viajado.

El único equipaje que puede traer es el que no puedes dejar atrás…

Siempre he estado buscando algo, siempre buscando.

He escalado la montaña más alta, he corrido a través de los campos, he corrido, me he arrastrado, he escalado los muros de esta ciudad…

Siempre he escuchado, intentando aprender todo lo que me podían ofrecer.

No puedo estar mantieniendo lo que tienes cuando todo lo que tienes es dolor…

Seguiré viajando, seguiré buscando, seguiré escuchando. Pero, no puedo evitar decirlo con una sonrisa en los labios, por fín encontré lo que estaba buscando.

La reunión

Son las 2.30 de la mañana, otra vez y como siempre, o como hace mucho, esta vez me dejé atrapar. Han pasado demasiadas cosas para contarlas, y quizás algún día lo haga, no ahora.

He estado allí, se ha hablado mucho de esas reuniones, algunos incluso bromean, yo sólo puedo decir que he estado allí.

Era una sala enorme, con grandes sillones de cuero rojo, podría parecer que comparado con el tamaño de la sala, los once sillones parecerían pequeños, pero no, parecían demasiado grandes, y los hombres que se sentaban en ellos aún más.

Hombres grises, todos iguales, enchaquetados y fumando puros decidían el destino de la humanidad.

A veces sonreían, esa sonrisa que se place de lsa desgracias ajenas. A veces reían, esa risa tan hueca que te deja fría. Y hablaban, todos con la misma voz, todos con el mismo tono.

- Esa jugada fue muy buena.

- Necesitamos las dos cosas para mantenerlos a todos callados.

- El miedo siempre ha sido una de las mejores herramientas.

- ¿Crees que aprenderán algo de todo esto?

- No, no lo creo, nunca aprenden, volverán a hacer lo mismo en cuanto esto pase, volverán a coger confianza en el sistema y volverán a creer que los recursos son infinitos y que pronto todos vivirán indefinidamente en un futuro.

Reían.

- ¿Vivirán? Seguirán vivos más años, eso seguro, pero la vida se la arrebatamos hace mucho.

Sonreían de satisfacción.

- Poco a poco, no hay prisa, nosotros sí viviremos indefinidamente.

El bando equivocado

Me estaba costando muchísimo volver, y no entendía porqué, sólo sabía que estaba cansada, muy cansada, y que no podía más. Ni siquiera me daba cuenta de que ese era su propósito, y de que lo estaban consiguiendo.

La guerra comenzó hace meses, luchaba en cada batalla, y consumía mis fuerzas, defendiendo principios que no existen e ideas inconcebibles. No era consciente de que había guerra, ni de porqué tenía que luchar tanto, sólo seguía haciendo lo que creía que tenía que hacer.

La última batalla fue la más sangrienta, mi ira se abría camino hasta que estalló, y entonces abrí los ojos.

En la llanura luchaban, demonios y pobres diablos aliados, matándose los unos a los otros, y adorando a demonios que siempre tienen poder, adorando al demonio que más poder tiene en este mundo. Y allí estaba yo, con ropas poco adecuadas, una espada a dos manos demasiado grande para mí, luchando contra unos y otros sin sentido.

Les planté cara, a los que hacían llamarse generales, a los mayores adeptos al peor de los demonios, a los que yo estaba siguiendo porque hace meses que me vendí. No tener lealtad, es ser mercenario, y ser mercenario y guardarle lealtad suprema al peor de los demonios. Y yo, me vendí, y me convertí en mercenaria.

Esta no es mi lucha y no seguiré luchando, que se maten entre ellos si quieren, yo seguiré mi camino. No sé qué ocurrirá a partir de ahora pero esta guerra no merece mi sufrimiento y mi cansancio.

« Entradas más antiguas